“C A P I T U L O 1”
DESVALARIZACIÓN Y AUTO-DESVALORIZACIÓN EN LA ESCUELA
Indudablemente la escuela es una institución en donde se transmiten conocimientos y ámbitos ideológicos sin distinguir de clases sociales, ya que ésta propaga la igualdad de oportunidades a cada uno de sus estudiantes, siendo su propósito generar en el alumno el mérito individual.
Sin duda, el papel que tiene el maestro con respecto a las actitudes que sus alumnos tomen y tomarán, depende de cómo sean tratados por él, en lo individual, lo colectivo, frente a otros, a solas, o dentro y fuera de la institución; no con diferencias sociales o de clasificación, sino como individuos con una imagen propia.
La institución como dimensión también toma parte en ésta imagen, Ida Butelman menciona en una de sus definiciones de institución: “sistema de normas o regulaciones generales”, surgidas a través de la historia de la sociedad a partir de la repetición espontanea de acciones que fueron percibidas en ciertos momentos como útiles para lograr el desarrollo y el crecimiento de sus individuos”, lo que constituye la acción de instituir y su efecto “institución”1.
Debemos como maestros tratar de no generar en el alumno una desvalorización o auto-desvalorización, tomando actitudes despreciativas; más bien, claro está que los elogios son elementos reforzadores que valorizan aun más la educación; hay que elogiar y reconocer en el alumno sus actividades.
El maestro es el responsable de propiciar un ambiente escolar que genere en el alumno una mejor adaptación hacia el aprendizaje, debemos dejar de lado la llamada pre-destinación, así como pensar que la suerte está echada a los alumnos solo por su clase social, debemos también omitir la selectividad hacia nuestros alumnos y pensar que cada uno de ellos tiene la misma capacidad de aprendizaje, a su propio ritmo. Ida Butelman menciona que: “los individuos son diferentes en cada institución, también lo serán las modalidades de sus relaciones formales y las circunstancias en que ellas surgen”2.
¿Cómo se genera la actividad y participación en el estudiante?, Si el alumno tiene una valorización adecuada promovida por el maestro, éste será capaz de participar en clase, estará atento e integrará todo el conocimiento, más allá de ser un ente pasivo. Algo que ayuda profundamente es la ligadura que existe entre la escuela y la familia como primera institución, ya que de ella dependen también y en gran medida las actitudes que de alguna manera adquiere el alumno. Como dice Ida Butelman: “una vez que hemos accedido a la dimensión institucional, comprendemos que el aprendizaje del niño no es una respuesta sólo individual; se transforma entonces en un testimonio significativo de toda una red de relaciones entre la escuela y la familia.”3
Hay que individualizar la enseñanza en el estudiante (refiriéndonos a la institucionalización de la educación, es decir, tener en cuenta sus tradiciones, ideologías, costumbre, rituales, etc.) Para ello tal vez sea necesario que el maestro se aleje de la idea que actualmente se le a asociado a la educación y es que: “ésta ya se convirtió más en oficio que en profesión”; o tal vez se requiera un análisis institucional (práctica basada en una teoría y una ideología, que permite ir a la búsqueda de la profunda estructura institucional en una organización en situación de conflicto o crisis).4
La desvalorización hay que tenerla ya en cuenta como un problema de aprendizaje y alejar a los estudiantes de pensamientos como: “ya no vale la pena aprender, estoy solo”.5, Por lo que debemos mejorar en nuestras relaciones la efectividad, seguridad, amor y protección. Tomando en cuenta también que ésta desvalorización provenga posiblemente de las dimensiones dentro de la familia y pudieran estar divididas, provocando la incomprensión entre ellos.
Debemos utilizar adecuadamente los dos niveles con los que interactuamos con los alumnos desde el manifiesto (comunicación con un lenguaje y código compartido), hasta el latente (mensajes en forma disociada). Alejarnos de los prejuicios tales como: La variedad de clases sociales en la escuela conduce al maestro a actuar para unos como transmisor de conocimientos y para otros como fabricante de obstáculos. Para lograr esto, primero, el maestro debe cambiar su forma de percibir al alumno, el conocimiento, la inteligencia y sobre todo abandonar los prejuicios burgueses. Tampoco debe generar especulaciones con respecto a ellos y su procedencia, más bien debe dotar de materia a cada uno de ellos con respecto a sus necesidades.
No debemos etiquetar a los alumnos ya que esto genera en el alumno una desvalorización de sentimiento global, que inferioriza y margina de los demás, mas bien debemos de adecuar los procesos pedagógicos a él.
Las situaciones personales o institucionales no deben afectar el estamento general de una institución, dice Ida Butelman: ”los grupos de niños, como estamento dentro de la institución, tienen un desarrollo de interacción propia en razón de la estructura del organigrama...es lo que denominamos la configuración de sistema dentro de una institución, o también, el régimen de sistema”. 6
El objetivo del maestro debe ser dice Liliane Lurcat: “enseñarle a los alumnos a aprender a observar la realidad para comprenderla, de modo que los alumnos no sean espectadores pasivos”.7
Otra de las actividades de cualquier docente, es seguir generando el interés en los alumnos por la educación, esto requerirá que promulguemos con el ejemplo, a través de nuestra profesionalización y poder ofrecerles mucho más y no provocar la duda con respecto a nuestras capacidades intelectuales.
En cualquier institución educativa existe o se refleja la rebeldía de maneras particulares como fenómenos individuales o colectivos, reflejándose sobre todo en dos tipos de condiciones que provocan una insubordinación colectiva (rebelión, como experiencia emocional).
Considerando que se debe promover el aprendizaje para toda la vida, debemos hacer conciencia en los estudiantes, y mencionarles que existen muchos medios y formas para aprender. Por ejemplo, el conocimiento indirecto (libros y periódicos). Dice Liliane Lurcat: “el docente debe ayudar al futuro trabajador, enseñándole a leer y escribir. Leer para comprender lo que se lee, y escribir para expresar sus ideas, para conceptualizar sus observaciones y sus razonamientos o juicios”8.
Como maestros debemos compromenternos totalmente y aportar el máximo interés posible en los procesos de enseñanza–aprendizaje, fomentar la necesidad del conocimiento indirecto, asociar la lectura con el sentido de lo que esta estricto, provocar la discusión colectiva, pudiendo llevar a cabo el conocimiento de lo general a lo particular o de lo específico a lo genérico. Enseñarles a conceptualizar lo que observan, del paso del conocimiento sensible al conocimiento racional, tener confianza en su propio juicio. El poner a prueba constantemente lo que deducen de la observación les permite superar el subjetivismo.
Cualquier docente debe tener muy presente los roles que se generan en los procesos de transmisión del conocimiento y comprender la perspectiva desde ambos lados, “si una persona no puede ponerse en el lugar del otro, no es posible decodificar”9. Esto evitará la transferencia de mensajes unívocos y provocará una mejor identidad y comunicación.
Otra cuestión que mejora el proceso, es no dejar que los estamentos que traemos como carga los maestros, afecten la principal relación del mismo (maestro-alumno), mas bien dice Ida: “la comunicación y la discusión complementan las normas y regulaciones, con elaboraciones conjuntas de consignas que den respuestas en los diferentes niveles de necesidad...”10
Para finalizar, coincido que nuestro sistema educativo es parte de lo que Ida Butelman comenta sobre: “a pesar de ser tradicionalmente la base de la pirámide jerárquica, los alumnos disponen de un tiempo mucho más amplio que en las escuelas de acentuado régimen burocrático, para crear, proponer y realizar su aprendizaje en mayor libertad, gozan de ese sentimiento de poder ser delegados responsables y aprenden a organizar el tiempo junto con los maestros.”11
* BUTELMAN, Ida. Psicología Institucional “Una formulación analítica”.Buenos Aires-Barcelona-México. Paidos, 1994., p. 19