”EL SUJETO, OCURRENCIA DE LAS CLASES DE ENTIDADES DENTRO DE LAS DIMENSIONES INSTITUCIONALES”
Esta aportación textual surge a partir de las lecturas aplicadas a la antología del seminario Sujetos e Instituciones de la “Maestría en Docencia y Procesos Institucionales”, de la Universidad Autónoma de Zacatecas; en él, se encontran ideas elaboradas partir de las teorías de autores de la talla de Juan Manuel Piña Osorio, Serge Moscovici, etc.
El sujeto desde su perspectiva global, es solo una entidad heterogénea dentro del modelo de la realidad holística de la institución, el cual puede representar o representarse a través de sus prácticas en la sociedad institucionalizada.
El currículo universitario se ve ligado a dos entidades que gracias a la relación de sus tramas modelan la acción cotidiana de la universidad, estos son: los actores sociales y actores universitarios.
Al hablar de actor social, nos referimos a todo aquel individuo que de alguna manera comparte un modelo de la realidad social con sus semejantes; y actores universitarios, son aquellos individuos que se forman dentro o fuera de colectivos universitarios.
Por lo tanto, docentes, alumnos, administrativos, directivos, etc. como sujetos involucrados en el currículo, pueden tomar el papel de actor externo o interno a los procesos académicos en tiempo y espacio desde las tendencias ortodoxas e innovadoras en los procesos institucionales de acuerdo a su realidad social.
Hoy, el mundo globalizado presenta cambios vertiginosos en lo social, cultural, tecnológico, científico, político y económico y su relación con las nuevas formas de producción del conocimiento; todo esto provoca la llamada nueva sociedad tecno-informacional, la cual hace que emerjan nuevas realidades (verdaderas o virtuales), es por ello, que las instituciones de educación superior deben permanecer en esa constante reorganización para sustentar las nuevas categorías que presenta y representan la sociedad actual del nuevo orden mundial.
Las Instituciones de Educación Superior (IES) pueden actuar sobre esas nuevas realidades a través de sus procesos curriculares, los cuales deben tener presente el significado de sujeto y la categoría social a la que pertenecen, Sara G. Martínez (1999, Pp. 41) dice: “es necesario partir de que el aprendizaje no es un producto sino un complicado proceso que se encuentra determinado por las condiciones que en un momento dado imperan en el propio sujeto, en el salón de clase, en la institución educativa, en el medio social todo. Desde el punto de vista constructivista”.
Entendemos por currículo (De Alba Alicia, 1991, Pp. 52) “a la síntesis de elementos culturales (conocimientos, valores, costumbres, creencias, hábitos) que conforman una propuesta político-educativa pensada e impulsada por diversos grupos y sectores sociales cuyos intereses son diversos y contradictorios, en donde algunos de estos son dominantes y otros tienden a oponerse y resistirse a tal dominación o heguemonía”.
El campo del currículo se encuentra en una crisis de dimensión mundial, ya que los problemas particulares que se presenten en un espacio específico de interacción curricular, se ven reflejados y ligados por la urdimbre global que entrama el conocimiento general, así, dice Zemelman (1990 citado en Charry, Calvill, 2005, Pp. 3), “Los sujetos sociales son como formas particulares de expresión social”.
En las ultimas décadas han existido propugnas sobre cuales deben ser las orientaciones que deben darse a los currícula universitarios, estas orientaciones van desde las perspectivas de la técnica y la eficiencia, y la formación fundamentalmente teórica, entre otras; hoy en día éstas y otras polémicas vuelven a ser retomadas para un análisis actual, a partir de las condiciones sociales, culturales, políticas y económicas que imperan en el contexto nacional e internacional.
Estamos viviendo tiempos de coyuntura, en los que se deben replantear las nuevas orientaciones que cada una de las instituciones desea dar a su currícula, esto se logrará en medida a través de los procesos estructurales que los sujetos y actores sociales desean para un desarrollo integral; como docentes, debemos participar en tal estructuración a partir de una nueva determinación utópica curricular planteada por y desde el nuevo orden social contextualizado.
Un elemento que debe estar presente en cualquier orientación que se vaya a retomar para la currícula es la sobrevivencia del ser humano, es por ello que se debe tener en cuenta la preservación del medio ambiente.
Se sabe que el currículo esta determinado por las conformaciones estructurales de carácter económico y político sobre todo de países del primer mundo, tal vez sea inevitable cambiar esto, lo que si podemos redimensionar es la perspectiva que estos plantean, me refiero a tomar los lineamientos de los organismos nacionales e internacionales y reestructurarlos hacia lo específico contextual, para que esto no recaiga en la perdida de sentido, en su defecto a la perdida de identidad, es entonces pensar globalmente y actuar localmente desde las tendencias que marcan los estándares internacionales.
Para poder lograr esto debemos como instituciones, como sujetos ya sea de la determinación (estado, empresa, partidos políticos, iglesia, padres de familia, colegios y gremios profesionales, etc), del proceso de estructuración (consejos técnicos, consejos universitarios, academias, evaluación y diseño curricular) o del desarrollo curricular (maestros y alumnos) debatir y presentar propuestas sobre cuales deben ser los intereses, la estructura y la practica del currículo, y así lograr la revalorización de la labor de las universidades públicas.
Debemos dejar de pensar en los valores tradicionales que aun algunas universidades publicas siguen, al respecto Sánchez Vázquez (Pp. 67) subraya que, “la Universidad tiene que elevar la calidad de su docencia, al facilitar los recursos y las condiciones para ello, eliminando la rigidez de sus planes de estudio, sustituir el énfasis en lo informativo por lo formativo, e instaurar lo creativo y el enfoque interdisciplinario”, también Rolando Cordera es de opinión que, “lo que se requiere es conocimiento básico que habilite a la sociedad para responder con prontitud a las exigencias de flexibilidad y capacidad de adaptación compleja que hoy acompañan al cambio técnico”.
Por lo anterior, se deben elaborar propuestas en conjunto que ya no marquen la verticalidad entre el currículo y la sociedad, sino más bien, presentar propuestas con esbozos de direccionalidad entre estas dos entidades de acuerdo a nuestra condición latinoamericana, y así, a través de esta práctica social diría Díaz Barriga (1988), enfrentar la crisis, económica, política y social que nos desestructura.
Estas nuevas propuestas, deben tomar en cuenta y llevar al análisis, las fuentes principales que constituyen parte del problema de la educación en Latinoamérica, estas son: el fracaso del proyecto de instituir sistemas educativos con capacidad de control social completo, es decir, del educacionismo (lo cual conlleva a la miseria, al desarrollo desigual, etc.), o los cambios educativos que son la reorganización capitalista (lo que incrementa el analfabetismo, la deserción y el fracaso escolar) De Alba.
Muchas de las anteriores consideraciones de sentido “común”, solo son desarrolladas para y en las instituciones de estamentos superiores: lo que provocan dirían: Miguel Ángel Casillas, Adrián de Garay, Julia Vergara López, Mónica Puebla Rangel, que el estudiante, en este caso el sujeto del desarrollo curricular se vea autolegitimado por un modelo educativo acartonado, y que no se tome en cuenta la diversidad de formas de ser y actuar de los sujetos en los espacios que se desarrollan o se han desarrollado (“refiriéndose al tipo de dedicación a los estudios, a las condiciones que tiene en su hogar, al origen social del que proviene y al tipo de trayectoria educativa previa a la educación superior”).
Entonces, dice Miguel Ángel Casillas: “la flexibilización de los planes y programas deberá sustentarse en la cooperación y el intercambio, para favorecer una permanencia productiva en la universidad”, “las universidades pueden imaginarse como empresas culturales de amplia e intensa formación, diversificando los espacios de socialización y haciéndose cargo de su responsabilidad en terrenos como la cultura y el deporte, junto a la socialización que ocurre en torno a los conocimientos disciplinarios”. Se debe impulsar también la vinculación y triangulación entre los sistemas educativos de licenciatura, posgrado y extensión (educación continua, diplomados, cursos, seminarios, talleres, etcétera).
Dadas las condiciones del nuevo orden mundial, las instituciones de educación superior deben diversificar en medida los sistemas de oferta educativa (cursos, horarios (mañanas, tardes, noches y fines de semana), promover los sistemas escolarizados y virtuales, así como las ofertas de egreso y titulación.
Es el currículo un eje vertebral en las reformas educativas, ya que él, dice Patricia Andrade: “prescribe el qué y delinea el cómo de la educación”. Es el instrumento que contiene el conocimiento oficial que el Estado quiere distribuir en la sociedad y que responde a lo que le interesa construir en términos de ordenamiento social (Bernstein, 1997).
“Entre la flexibilidad y lo que se plantea acerca del currículo”.
El currículo es el instrumento que la institución utiliza para preparar a los sujetos para desempeñar diferentes tipos de funciones entre las que están: “de explotado”, “de agentes de la explotación”, “de agentes de la represión”, “de profesionales de la tecnología”, etc., menciona Althusser, que esto ocurre vía encuentro entre los contenidos de aprendizaje..., según Bordieu y Passeron, y que además es producido por la clase dominante, provoca que el proceso de socialización del conjunto de valores y conocimientos que lo conforman no se de, de manera homogénea, sino mas bien que solo aquellos sujetos que tienen incorporado un capital cultural de competencias lingüísticas y de desempeño social con mayor cercanía o afinidad a las propuestas vía currículo, serán los que tendrán éxito en su proceso de emancipación.
Lo anterior lleva a reflexionar:
“el currículo no es solo el resultado de un poder totalizador que se instala mecánicamente, sino que es la composición de diversas fuerzas que actores sociales distintos ejercen desde ángulos y perspectivas diferentes”.
De tal manera que en realidad existe una brecha entre el currículo oficial o dado y el currículo que trabaja la escuela (el contextual recibido por los alumnos), si bien es cierto que actualmente se pretende involucrar a docentes y alumnos como sujetos de la determinación curricular, cabe mencionar que seria de utilidad comenzar por analizar cuales son las principales perspectivas que los mismo docentes y estudiantes como principales promotores del desarrollo curricular, imprimen en el actuar del currículo oculto, el que vendría a ser el conocimiento legitimo. Por parte del docente, se debe considerar en mayor grado su capital cultural ya que son quienes al final determinan la oferta educativa que la institución ofrece a estudiantes, padres de familia y a otros grupos, a usuarios directos o indirectos del servicio educativo.
Si bien se ha estado hablando del currículo y sus actores, poco se ha habado del rol específico que los estudiantes desempeñan en este proceso, el cual va mas allá del rol de solo agente receptor de las experiencias en las que se encuentra involucrado; ya sea limitado por las experiencias en quienes desarrollan el currículo, los docentes, o su propia experiencia expresada en un capital cultural, esto nos lleva a que los procesos se deben reivindicar, señala Woods (1998, pp.52) “los niños ni las niñas son recipientes pasivos de una cultura impuesta, sino mas bien crean sus propias respuestas al interactuar con ella...no solo como receptores o consumidores de conocimientos, sino constructores de significados compartidos en el marco de un ejercicio combinado con los maestros”.
“Ya no se trata de promover la participación de docentes y estudiantes en los procesos de reformas curriculares, porque esta existe. De lo que se trata es de reconocer la legitimidad de sus aspiraciones y expresiones; interpretando el valor comunicacional que éstas tienen, sea que se trate de indiferencia, apatía o resistencia abierta”.
Se debe pensar la flexibilidad curricular en tres momentos de reflexión: el currículo oficial, lo que quiere el sistema; el currículo oculto, lo que privilegian los educadores (reestructurado); y el currículo en uso, lo que hacen los sujetos con ello. Y partir de allí para elaborar la triangulación entre estos momentos y los aportes de diversas teorías sobre la noción del rol de los sujetos en el proceso educativo.
Ahora se conoce que las practicas educativas dependen del conocimiento de los agentes educativos; en su dimensión y medida cada uno de ellos determinan las practicas educativas, a través de su pensamiento conceptual y de sentido común menciona Juan Manuel Piña; la complejidad de las prácticas educativas depende de las condiciones institucionales, de las laborales de la planta académica, de las condiciones para el estudio de alumnos etc.; éstas y otras condiciones son esenciales para el cabal cumplimiento de los objetivos educativos, son los componentes que forman el pensamiento o conocimiento que los actores crean o reelaboran en sus representaciones sociales, y conllevan a que se determine una vida académica; además que las practicas educativas o la vida académica que se desarrolla en la institución depende estrechamente de las formas de pensamiento que dominan en cada espacio educativo.
Es por ello que este tema –practicas educativas-- se debe retomar al hablar de flexibilidad curricular, y reconocer que en las instituciones existen elementos simbólicos, como las tradiciones académicas dominantes (las que se han seleccionado como líneas de investigación), que no permiten que los actores como sujetos en sus distintas dimensiones trasciendan mas allá de lo que se ha determinado como instituido.
Al hablar de flexibilidad aplicada a la calidad académica de los programas, se deben considerar las distintas posturas que se tienen sobre el tema por parte de docentes, administrativos, alumnos, directivos, etc., ya que la diversidad de expresiones se sostiene en la particularidad social de los actores que clasifican un acontecimiento social o una práctica; es decir que se deben reconocer las interpretaciones, las formas de pensamiento, de programas de estudio, de objetivos institucionales, de misiones y visiones, etc.; estos distintos puntos de vista, responden a la particularidad social de los actores, que es lo que se debe tomar en cuenta al tratar la flexibilidad curricular.,
Debido a que la formas de pensamiento que se construyen en un determinado espacio social son heterogéneas y no homogéneas, que preceden de diferencias sociales (las particularidades sociales), hacen que un sujeto clasifique a los demás de acuerdo al escenario social donde se mueve diariamente, así su opinión es mas subjetiva que objetiva. De tal menara que, las practicas educativas o pueden entenderse aisladas de su entorno, sino que son resultado de una compleja construcción social emprendida por los agentes inmersos en una sociedad especifica.
Dos conceptos interesantes a tomar en cuenta al hablar de flexibilidad curricular son: las formas de pensamiento de los agentes que intervienen en las practicas educativas y escolares, y el conocimiento de sentido común; conceptos formulados a partir de que son seres humanos quienes intervienen en éstas prácticas (portadores de creencias y mitos, pensamientos, valores, prejuicios, posiciones políticas, etc.); una primer parte que involucra el concepto de –sentido común-- es el alumno, ya que construye conceptos dentro de los diversos espacios y las distintas actividades de su vida cotidiana, y no se explica la realidad inmediata con conceptos ni con teorías científicas o filosóficas, sino mediante nociones de sentido común, con el aval de sus propias nociones; y por otra parte la de –los otros--, el cientificismo (académico), interpreta o explica algún acontecimiento de la sociedad con el rigor de la teoría y sus conceptos; así se concluye que existen dos formas de conocimiento que se involucran al hablar de flexibilidad, el del ámbito del especialista y el de la persona común.
Comenzar por retomar las raíces de la representación social según Moscovici, la que descansa en el concepto de representación colectiva de Durkheim, repercute en tomar en cuenta lo que nos constituye como individuos únicos y distintos de los otros, y por otro lado como acumulación de acervo de conocimientos colectivos, Durkheim (1991,p. 71) lo retoma como “el ser individual y el ser social”.
“la representación social es solo una de las vías para captar el mundo concreto”. (Moscovici)
La construcción de estas representaciones sociales se recrea en la compleja comunicación que los actores entablan en los espacios reglamentados para las practicas educativas, los cuales inciden de manera directa y profunda en la vida cotidiana.
Son varias las consideraciones que hay que tomar en cuenta para poder lograr que los programas de estudio sean flexibles, tales consideraciones van desde: las condiciones institucionales, laborales, de vida de los estudiantes, de sus creencias, valores, prejuicios, su vida cotidiana, la misma sociedad contemporánea, etc., al respecto Torres (1998, pp.13-14) menciona que:
“La realidad de los sistemas escolares y las condiciones de la enseñanza y aprendizaje en la mayoría de los países en desarrollo son precarias y hasta dramáticas, muy lejanas de entornos descritos para las “escuelas efectivas” en los países de la OCDE”.
Es tan importante pensar en las anteriores y demás consideraciones con respecto al currículo, tales que:
El currículo:
Prescribe el qué y delinea el como de la educación.
Propone el aprendizaje para las nuevas generaciones, el cual perfila el tipo de sociedad.
Permite analizar las formas de entender el conocimiento y la construcción del mismo.
Según Durkheim, es el instrumento por medio del cual el estado prescribe el conocimiento oficial que se distribuye a la sociedad (el ordenamiento social).
El éxito escolar se da en la medida en que los sujetos logran ser socializados.
Dentro de su función de socialización, debe producir individuos capaces de ajustarse e incidir en la sociedad, además de reproducir y profundizar en sus diferencias. Según Althuser (en peralta, 1996), la escuela prepara a los sujetos para desempeñar diferentes tipos de funciones. Así como Bordieu y Passeron, plantean que esto se da por el contraste entre lo que se quiere hacer llegar a los estudiantes y la realidad de estos.
La importancia de reconocer al sujeto entre los espacios y dimensiones institucionales.
Podemos hablar de las mediaciones que se dan entre los actores y entre los espacios heterogéneos en los que se desarrollan las practicas educativas, al respecto dice ::::::::::”el conocimiento legítimo para la mayoría de los individuos de las sociedades escolarizadas es el conocimiento que se produce en la escuela y que en cierta medida es una compleja mezcla del conocimiento definido por el currículo oficial y las interpretaciones autónomas o subordinadas de los docentes”.
El currículo flexible debe considerar el universo abierto en el cual se desenvuelven los sujetos, Valentina Cantón Arjona (pp. 28-31) menciona sobre la transformación que sufre el sujeto, y es que el sujeto se desenvuelve entre la trama y la urdimbre del pensamiento meramente sensible del yo puro y el pensamiento reflexivo del yo autoconsciente que se conoce así mismo y se objetiva en la acción como sujeto; esto es previsto como un recorrido: del concepto hacia su definición y su identificación con el objeto.
Al final queda claro que hablar de flexibilidad curricular es actuar en el diseño e implementación de los planteamientos educativos, tales como los planes y programas de estudio, reconociendo a los sujetos a quienes va dirigido (se deben tomar en cuenta los orígenes, su situación socia, sus condiciones, orientaciones, hábitos y propósitos, trayectoria escolar, habilidades, valores, salud, cultura, etc.) para poder cumplir con los objetivos y metas de la instituciones educativa moderna.
El sujeto se construye entonces a partir del actuar y del diálogo con los demás, lo que Piña Osorio maneja como dialogo constante, indudablemente dentro de paradigmas lógicos heterogéneos que norman y rigen las instituciones, lo que el marxismo maneja como estructuras, aunque la conciencia, lo natural positivista de cada sujeto da la pauta para la selección (Weder, ésta es la interpretación y posibilita el diseño del destino ya que no existe previamente) y así romper con las reglas de las que hablan Kosik y Heller y fracturar la estructura del mundo actual-utilitario; esa cotidianidad en la que incide el sujeto día a día, entre el lenguaje, el contexto y los símbolos, son los que permiten diría Heller la apropiación de los instrumentos que definen y producen la sociedad,.
Gofman, el individuo tiene cierta libertad para actuar.
Berger, el hombre y el mundo se hacen así mismos.
No cabe duda que la flexibilidad curricular representa un nuevo paradigma que incorpora lo objetivo y subjetivo de los sujetos, que son quienes determinan el currículo de las instituciones; siendo éste la principal entidad, se logrará la flexibilidad curricular, si ésta se fundamenta en el deseo de interpretar y encontrar los significados de los sucesos que los sujetos desarrollan en su interacción social.
BIBLIOGRAFIA
Torres, Rosa Maria (1998), Nuevo papel docente. ¿Qué modelo de formacion y para qué modelo educativo?, en Perfiles Educativos num. 82, Tercera época, vol. XX, México, CESU/UNAM, pp. 6-23.